Mostrando entradas con la etiqueta Consejo Nacional de la Magistratura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Consejo Nacional de la Magistratura. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de septiembre de 2018

Del Consejo Nacional de la Magistratura a la Junta Nacional de Justicia



Fernando Murillo Flores

El Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) es un órgano constitucionalmente autónomo que, si bien tenía una suerte de antecedente en el artículo 245 de la Constitución de 1979, tiene la función de seleccionar, nombrar, ratificar y destituir a jueces y fiscales de acuerdo a los artículos 150 y 154 de la Constitución de 1993.

El constituyente de 1993 estableció que el CNM se integraba por 7 miembros: 1 elegido por el Poder Judicial; 1 elegido por el Ministerio Público; 1 elegido por los colegios de abogados; 2 elegidos por otros colegios profesionales, 1 elegido por los rectores de las universidades públicas y 1 elegido por los rectores de las universidades particulares.

Si bien consideró encargar a una amplia participación institucional la importante misión del CNM, la realidad demostró que ocuparon cargos en el CNM personas sin noción alguna de la misión constitucional encomendada. Dejamos en claro que la crisis que presenciamos en el CNM en los meses pasados es una crisis de personas y de la ética en la función pública, otra sería la realidad si los miembros del otrora CNM hubiesen asumido su responsabilidad constitucional a cabalidad conforme lo estipula el artículo 45 de la Constitución en su primer párrafo.

Una vez más la herencia virreinal y colonial de la concepción patrimonialista del Estado y la concesión de mercedes le pasó factura al Perú de hoy. Una vez más.

Ante hechos graves de corrupción en los miembros del CNM el Poder Ejecutivo propuso al Congreso la reforma constitucional correspondiente para así conjurar – en el futuro – nuevos hechos de corrupción en la génesis de la magistratura. Luego del debate parlamentario correspondiente, se aprobó el proyecto de reforma constitucional que en perspectiva tiene aciertos y desaciertos. Ahora estamos ante la Junta Nacional de Justicia (JNJ), que sustituirá al CNM.

Se mantendrá el número de miembros en 7 (debería ser menor). La elección se hará por una Comisión Especial formada por 7 representantes de instituciones públicas entre las que consideramos que no deben estar el Presidente del Tribunal Constitucional y el Contralor General de la República, pues en una función directiva y ejecutiva de selección no deberían estar los representantes de entes de control, de constitucionalidad el primero y, de gestión administrativa y presupuestaria, el segundo.

Es correcto que los miembros de la JNJ sean abogados, y un postulante no tenga que ser seleccionado, nombrado, ratificado y destituido por un enfermero, un médico, un ingeniero, etc.

Es correcto que se establezca – aunque si hubiese ética pública no sería necesario – que la función de miembro de la JNJ “no debe incurrir en conflicto de intereses y es incompatible con cualquier otra actividad pública o privada fuera del horario de trabajo” Esperemos que esto termine con partidos de fulbito, reuniones en casas, contratación de familiares, academias de derecho para ser jueces o fiscales, compra de boletos para conciertos, condecoraciones, grados honoris causa, etc.

Si bien es discutible que a un magistrado se le ratifique cada 7 años, más discutible es que se le adicione una evaluación “parcial” de desempeño cada 3 años y 6 meses, lo que implica que al sétimo año, además de la ratificación deberá ser evaluado. No es correcto que se establezca dicha evaluación en forma paralela a la ratificación, o lo uno o lo otro, ¿pero los dos?. Es bueno que se proponga uno o dos procesos de ratificación (que implican 7 y 14 años de servicios) y dejar, luego de ello, de lado la ratificación. Una pregunta ¿con qué finalidad se hace la evaluación parcial? ¿habrá una evaluación total? ¿cuál es la consecuencia de no ser evaluado positivamente?

Es un error que se considere a la Academia de la Magistratura (AMAG) para ejecutar conjuntamente que la JNJ la evaluación parcial de desempeño de jueces y fiscales, pues la misión de la AMAG es netamente de formación para el acceso a la magistratura, durante el ejercicio del cargo y para el ascenso. Si bien se le otorgaría también la misión de evaluación, ello colisiona con el texto actual del artículo 151 de la Constitución que establece que la AMAG “se encarga de la formación y capacitación de jueces y fiscales en todos sus niveles, para los efectos de su selección”

Si esa y no otra es su función constitucionalmente asignada (formar para la selección), cómo es que ahora se le encargue, sin decir con qué finalidad, “la evaluación parcial de desempeño”. Unos dirán que se le está encargando una nueva misión a la AMAG.

Pero la contradicción aún es más grave, porque la AMAG constitucionalmente hablando forma parte del Poder Judicial, es decir, evaluará – sin decirse finalidad alguna – a magistrados del Poder Judicial del que es parte, conjuntamente que la JNJ, lo que se agudiza más si consideramos que actualmente la Ley Orgánica de la AMAG considera que su Consejo Directivo está integrado por miembros designados por el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial, la Junta de Fiscales Supremos del Ministerio Público, es decir, por órganos de gobierno de quienes serán evaluados.

Finalmente, ¿era necesario cambiarle el nombre al CNM? No lo sé, pero la misión es tener una buena magistratura, con ella se logra la justicia, en ese sentido era bueno designarla como Consejo Nacional de la Magistratura. Con el nombre de Junta Nacional de Justicia, se emplea éste como si dicha junta tuviese como misión hacer justicia, cuando lo real es seleccionar magistrados que formarán parte del Poder Judicial, el que sí se encarga de hacer justicia.

El tema de la reforma constitucional para redefinir el CNM como órgano constitucionalmente autónomo da para más, lo mejor hubiese sido ir con prudencia y tiempo, pero la urgencia de los hechos y el aprovechamiento político no dio para ello y tal vez ese apresuramiento nos pase factura, y la verdad es que la Justicia peruana ya tiene muchas deudas históricas con el país.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Mordiéndose la cola


Fernando Murillo Flores[1]

Es común ver que los perros, entre juego y en serio – tal vez – giran y giran tratándose de morder la cola, a veces lo consiguen y otras veces no; lo primero implica seguir dando vueltas sin fin y morir en el intento, lo segundo, morderla y, en algunos casos, generar dolor, creo que es en este momento en el que el perro se da cuenta que lo que mordió es su cola.

Esa vivencia canina muchas veces me ha servido, a mí en particular, para evitar algunas rutinas en la vida personal y profesional que no conducen a nada y que muchas veces se hacen por hacer. Espero que hacer extensiva esa lección personal a lo que se conoce como Sistema de Justicia no sea tomada a mal, pero simplemente es, como se dice, una metáfora. Nada más.

El Poder Judicial ha estado en medio de la opinión pública con dos hechos: i) El cuestionamiento a un miembro de su Consejo Ejecutivo, concretamente al representante de la sociedad civil que en este caso es nombrado por los colegios de abogados y que vale la pena aclarar no es un magistrado de carrera. Este cuestionamiento se basó en una conversación telefónica en el que dicho representante – es mejor no nombrarlo, pero creo que se llama Hugo Salas Ortiz – afirmaba varios hechos que hacían dudar de su idoneidad para tal cargo de confianza. Es bueno también recordar que esta es la segunda vez que un miembro del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial tiene que apartarse de tal cargo por razones más o menos similares, ¿habrá una tercera vez?. ii) Una resolución cautelar que ordenaba, en el marco de un proceso constitucional de amparo, reponer a un profesional cuestionado y designado por El Congreso, como miembro fallido del Tribunal Constitucional (?), resolución que fue dejada – según dicen las informaciones – en suspenso, pero lo que agravó todo fue que el magistrado que la emitió, al ser fotografiado esgrimió un arma de fuego en actitud amenazante.

El Consejo Nacional de la Magistratura también ha tenido lo suyo: i) Uno de sus miembros (Efraín Anaya Cárdenas) viene siendo cuestionado e investigado por haber – supuestamente – solicitado una coima a uno de los postulantes a la Magistratura, luego de dejar sentado que el nombramiento o depende del poder político o del económico. ii) El último concurso implementado para el nombramiento de Jueces Superiores y Fiscales Supremos, ha sido públicamente cuestionado en su esencia “la evaluación y la forma de hacerse”, dejando ver que está sujeta muy subjetivamente a la opinión de abogados designados para tal efecto. Lo más saltante de esto es que un abogado de ejercicio libre calificó a un postulante a Fiscal Supremo, siendo que el primero muchas veces había sido abogado de la parte adversa en varios procesos penales.

¿Qué hay de común entre el Poder Judicial y el Consejo Nacional de la Magistratura? Lo común es que forman parte del tantas veces nombrado sistema de justicia. El Consejo Nacional de la Magistratura es la entidad encargada de nombrar, previa evaluación, a los magistrados que integran el Poder Judicial en todas sus instancias: jueces de paz letrados, jueces especializados y jueces superiores, así como en el Ministerio Público; también es la encargada de evaluar y ratificar a dichos magistrados; vistas así las cosas, el Poder Judicial tiene los magistrados que el Consejo Nacional de la Magistratura considera se los merece. Desde otra perspectiva, el Poder Judicial, está integrado por los magistrados nombrados como tales por el Consejo Nacional de la Magistratura.

Lo anterior quiere decir que el Consejo Nacional de la Magistratura y el Poder Judicial deben jugar un partido muy importante por el equipo de la justicia, ahora no sé si lo estén haciendo pues harto sabido es que no sólo debe tenerse a los mejores jugadores, sino que con ellos debe tenerse el mejor equipo, sólo eso asegura un buen partido. Pero ¿qué es lo no común entre estas dos entidades? lo no común es que no comparten objetivos, desde cada una de sus misiones constitucionales. Si se quiere una prueba de ello analicemos el comportamiento y dicho de sus representantes.

El Presidente del Poder Judicial ha solicitado la renuncia de los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura y el Presidente del Consejo Nacional de la Magistratura ha contestado – en una de esas vueltas que da el sistema de justicia en aras de morderse la cola – lo siguiente: “No tenemos razones para renunciar. Si se tratara de cuestionamientos, el Poder Judicial y él (se refiere a Villa Stein) en particular, habría tenido que renunciar hace tiempo porque no hay institución más cuestionada que la que él preside”[2]

¿A quien preside Villa Stein, al frente del Poder Judicial sino es a los magistrados que el propio Consejo Nacional de la Magistratura ha nombrado?, esto equivale a decir que si se cuestiona al Poder Judicial se cuestiona a los magistrados (buenos, malos y feos) que el Consejo Nacional de la Magistratura ha nombrado, ¿si esto no es morderse la cola, no sé qué lo sea?

Esto nos lleva a pensar, lo que además ya es un lugar común, en qué es lo que falla ¿el sistema o las personas?. El Presidente del Poder Judicial ha dicho en una entrevista televisiva (en la Hora N de Jaime de Althaus) que lo que falla es el sistema. A propósito de esta declaración el profesor Avendaño Valdez ha dicho: “Me pareció escuchar al presidente del Poder Judicial decir en televisión que no se trata de un problema de personas sino del sistema. En otras palabras, los hombres habrían cumplido con su trabajo, pero la organización legal de las entidades, el Poder Judicial y el CNM, no permite que se alcance lo que todos deseamos: una justicia independiente, honesta y rápida. Discrepo radicalmente”[3]. Bueno yo me sumo a esa discrepancia, siempre he pensado que lo que falla es el factor humano y si ello es así, entonces ¿a quien se nombra como magistrados, con las excepciones del caso claro está?.

El mismo Avendaño Valdez nos lo dice, lo que también es ya un lugar común “El Poder Judicial es deficiente porque sus miembros lo son, salvo excepciones desde luego. Y la razón es muy simple: la clamorosa crisis de la educación legal. ¿De dónde salen los jueces? De las escuelas de derecho y estas son muy numerosas, no tienen control alguno e imparten, en su gran mayoría, una enseñanza lamentable. La educación en general, y la legal en particular, se ha convertido en un negocio, de lo cual resulta que lo mejor es tener muchos estudiantes que paguen bien y gastar lo menos posible”. Sin comentarios.

Cambiemos de tema, hablemos de fútbol, que, como se sabe, es el deporte de las multitudes. En el último partido Universitario vs. Cristal uno de los goles de este equipo, !con el que ganó¡, fue obtenido previa mano de uno de sus jugadores, sí quien cometió la falta que invalida cualquier jugada y en algunos casos sancionada con la pena máxima que es el penal, es un jugador cuyo nombre es mejor no saber, pero creo que fue alguien a quien le dicen el Chino Ximénez declaró: “Es cierto que pare con la mano el balón, pero fue una jugada del momento que se produce en segundos y todos seguimos jugando… total, el fútbol es para los vivos, así de simple”[4].

Las preguntas son simples: ¿es la justicia un juego?, ¿le cometemos faltas a la justicia y seguimos jugando a ser justos?, ¿será la justicia para los vivos “así de simple”? ¿Qué es lo común entre estos jugadores: el Chino Ximénez, el ex Consejero Hugo Salas Ortiz y el actual Consejero Efraín Anaya Cárdenas? que ellos fueron educados en el Perú y los vemos por esa caja boba llamada televisor !!!ah…¡¡¡ “y todos seguimos jugando”, total sus jugadas fueron del momento. ¿En que momento se jodió el Perú?
[1] Juez Superior Titular de la Corte Superior de Justicia de Cusco, actual miembro de la Segunda Sala Civil. Maestro en Derecho Civil y Procesal Civil, por la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco.
[2] Cf. Perú.21 y La República del 2 de marzo de 2003.
[3] Cf. El Comercio del 3 de marzo de 2010.
[4] Cf. El Comercio del 3 de marzo de 2010.